«Hay poetas que se esfuerzan por encajar en moldes.
Y hay otros que, como J.C.C. Visconti, escriben para respirar».
Este poemario no se entrega a la métrica rígida ni a las convenciones formales. No porque las rechace con rebeldía, sino porque su verdad se expresa mejor en libertad. Cada poema es una exhalación consciente, un pensamiento que se abre paso sin pedir permiso, sin buscar aplauso, sin necesidad de disfraz.
La voz poética de este poemario es íntima, reflexiva, sutilmente filosófica. Habla desde el amor, pero no del amor romántico como lo dicta la costumbre, sino de ese amor sin exigencia que no pide ser visto, solo compartido. Se adentra en el ser, pero no con respuestas, sino con preguntas que abrazan. Mira el tiempo no como amenaza, sino como espejo.
Versos como “siendo sin ser es cuando me encuentro” o “veintidós vidas nos han traído hasta aquí” no son recursos literarios: son destellos de una conciencia que observa, siente y escribe con honestidad.
La poesía de J.C.C.Visconti no se encierra en etiquetas. No busca pertenecer a una escuela ni a una época. Su hogar está en otro sitio: en lo que es verdadero cuando se cae el ruido, en lo que queda cuando uno se sienta frente a sí mismo y escucha sin juzgar.
Este poemario no impone, no grita, no reclama. Ofrece.
Y eso, en estos tiempos, ya es mucho más que poesía.
Es un acto de presencia.
VEINTIDÓS VIDAS.
Caprichoso destino que, a través, de veintidós vidas, nos has unido.
Ocioso yo, y sin saberlo, una vez más, a tus pies, me he rendido.
Sigiloso, pero atrevido, como un soplo de viento, mi rumbo has dirigido.
Y sin ser malicioso, como un niño travieso, tocando a mi puerta, te has reído.
Armonioso, haces girar la rueda del Samsara, hasta ensamblar nuestros caminos.
¡Juicioso destino! A veces cruel y amargo, pero siempre justo, sabio y decidido.
Dichoso yo, te doy las gracias, por este regalo que, una vez más, a mi vida has traído.
SIENDO SIN SER
Sentado ante mí, hoy,
fui, he sido, y sigo siendo.
Y me pregunto: ¿quién soy,
tras tantos rostros,
ensayos y espejos?
Soy el eco de mis fracasos,
el porvenir que invento.
Soy tantos intentos
como direcciones toma
el viento.
Y cuanto más intento ser,
más me disuelvo;
pues es siendo sin ser
cuando, por fin,
me encuentro.
Y en ese encuentro
resplandece lo eterno:
la esencia primigenia,
que nunca se fue, soy,
y sigo siendo.
EL AMOR QUE NO PIDE VOZ
No todo lo que abraza salva,
ni todo calor es abrigo.
Hay besos que no tocan nada,
y cuerpos que buscan testigo.
Queremos al otro por falta,
por hambre que no se nombra.
Lo llamamos “amor” en voz alta,
y es miedo detrás de la sombra.
Pero hay quien ama sin trono,
sin precio, sin calendario.
Su gesto no espera retorno,
su dar no pide escenario.
Ese amor no grita ni exige,
camina sin pertenecer.
No busca molde ni finge,
y es el que sabe permanecer.
LA LÁGRIMA DORADA
El alma arrastrada por el sendero,
avanzaba sin fuerza, con agonía.
Su silencio fue tan puro y sincero,
y su ausencia no dolía, rompía.
No la perdí, fue una elección callada,
soltó el nudo que aún me contenía.
Y en ese gesto, sin rabia ni mirada,
se abrió el espacio que antes no cabía.
Me senté en el borde de aquel mediodía,
sin exigir señales, ni sentido, ni certezas.
Y fue el cuerpo, en su callada sabiduría,
quien me abrió las puertas más secretas.
Una lágrima dorada desde el cielo descendía,
como si el ser al fin soltara su herida.
Y en un círculo dorado, poco a poco se fundía,
y me habló en silencio desde otra vida.
No fue final, fue verdad revelada,
una rendija abierta en la penumbra fría.
Del centro roto brotó luz templada,
y vi en la sombra nacer la armonía.
LA BRECHA
La brecha se abre y todo se hunde,
Lo viejo se acaba y lo nuevo renace,
Y tras las puertas del olvido en la lontananza,
Se escuchan los Ecos de lo que vas dejando atrás,
Y de esas huellas que jamás volverás a pisar.
FLOR EN EL LODO
Brillando desde el lodo,
como una flor de loto,
eso siento cada vez
que en tus ojos veo el todo.
Porque no hay días sin ti,
porque en todo me acompañas,
y aunque no estés junto a mí,
tu presencia nunca falla.
No sé si el destino fue el testigo,
o si elegimos fundirnos sin medida,
pero sé que desde que estás conmigo,
todo en mi alma se siente con vida.
Una vez más nuestros ojos se miran
Nuestras almas se hacen cómplices
Y bailando por la vida brindan
En un baile que solo tú conoces.
Y si la vida es solo un breve instante,
que este amor lo vuelva eterno en su latido.
Porque al mirarte, todo es tan brillante
que hasta el dolor se siente bendecido.
Y si mañana el mundo se apagara,
y el silencio cubriera como abrigo,
bastará saber que tu alma y la mía
ya danzan juntas, más allá del olvido.



